Los caminos que realizan los iniciados en las 'sin' fronteras del desierto, presentan un descenso o al menos una lejanía hacia espacios devastados por las propias características de su naturaleza salvaje, donde el desorden de las condiciones y su crudeza trascienden a la equiparación simple entre lo rudo y lo infecundo. El desierto siempre ha sido considerado como un territorio inhóspito que refleja a sí mismo la complejidad salvaje del interior de las personas, llegando a convertirse incluso en un laberinto consciente de los sueños, pesadillas, recuerdos y convicciones. El desierto como laberinto consciente del inconsciente, yace alejado de los entornos de construcción, como entornos atemporales en contraposición al progreso de las grandes ciudades y de la academias. Resulta ser en sí mismo un espacio de contradicción al contener una desadaptación natural, que permite igualmente tanto deconstruirse como partir de la base de construirse, o como prefiero llamarlo, reencontrarse.
El viaje realizado en el desierto en busca de los asesinos del maestro Hiram, gracias a la información del pastor de cabras o como recoge la tradición francesa, el elegido de la P en alusión, supuestamente, a ‘peregrinus’, vela por como estos maestros que se dirigen a tierras baldías introduciéndose alegóricamente en las corrientes que conducen al interior del inconsciente. Ello me permite pensar que el descenso al desierto sitúa a Johaben en un espacio existencial abocado a la fractura de su SER, en detrimento de las enseñanzas tradicionales de los maestros y favoreciendo la sinrazón respecto al sentido que le damos al Yo y el cuestionamiento del propio Ser en similitud al espacio desértico como identificación de las acciones como formas de infecundidad.
Pero yo os pregunto: ¿Es el desierto realmente un espacio de infecundidad? Uno de los elementos importantes que considero y que observo en el relato de los maestros elegidos de los nueve, es la cuestión de ‘reencontrarse’ en el desierto como el arquetipo más perverso de nuestra propia imagen. Un desierto que nos aboca a introducirnos en nuestra caverna, permitiendo volver a ver aquél reflejo del enemigo que siempre hemos tenido a la espalda y que pudimos ver en la verdadera y primera Iniciación. Un enemigo salvaje como el desierto que irrita todo nuestro Ser y nos envenena el corazón, buscando la falsa recompensa de la sangre por sangre. Johaben aun no está ciego pero yace perdido en la atemporalidad del desierto y ve la cueva como una única salida. ¿Quién soy Yo para vengar al maestro? – se resiste a sí mismo, pero la inmediatez del momento ha aparcado el amor y el sentido racional de las enseñanzas del maestro para poder imbricarse con la saturación del odio sentido y con el alma salvaje de un entorno deconstruido.

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