Las herramientas o puntos
del Maestro Secreto para iniciar el proceso del grado, conlleva a una natural
apropiación de los diferentes mecanismos de búsqueda y reflexión, provenientes
de aquellos que a lo largo de los siglos, siendo iniciados o no, se han apoyado
en la armonía, la bondad, la fortaleza y la razón. Nos referimos al primer
punto de los cuatro, el llamado Saber. Un punto que junto a los otros tres, no
sólo forma la guía de aprendizaje del Maestro Secreto sino que además son las
respuestas para descubrir y transitar por nuestro particular Santo Sanctorum.
La voluntad en el Saber
nos viene como un atributo interno, ya que como reconocieron las filosofías
presocráticas, los hombres por naturaleza tienden hacia el saber. Pero para
Saber los individuos tienen que saber contemplar el detalle para después
reflexionar y discernir sobre la base de la verdadera naturaleza del
conocimiento. El proceso de Saber se enmarca en la ontología que pretendió
explicar Platón en su República inspirado en obras precedentes del filósofo
Parménides. La explicación que ofreció del llamado ‘Mundo Sensible’, con todos
sus fenómenos físicos, perceptibles y materiales, no permiten abordar las ideas
de su opuesto, el ‘Mundo Inteligible’. Por tanto para poder discernir y avanzar
en el Saber, el Maestro Secreto debe ser capaz de apartar la ‘Realidad
Ilusoria’ que subyace frente a sus ojos y centrar la voluntad en el mapa de las
ideas. Es decir, una reflexión intrínseca que no se expresa en la realidad
sensible sino en el centro de nuestra piedra cúbica. Podríamos incluso decir
que el viaje del discernimiento hacia el conocimiento real y de la realidad, es
en pocas palabras y haciendo referencia a la máxima socrática, el ‘Conócete a
ti mismo’, pero como muchos sabéis, Saber y conocer la verdad es una fuente
subjetiva de cada individuo en el camino iniciático, y en la profundidad de la
meditación, el Saber del iniciado prospera en oposición del consenso exterior
de la realidad ilusoria.

Sin embargo, en la
dimensión interna de nuestro pensamiento y el propio juicio innato del cual nos
hacemos valedores, es una llamada a la prudencia. Al Saber se procede por
profundidad, valoración y análisis, como un ajedrecista cuando dispone de
varias realidades para culminar sus movimientos. Asimismo, el proceso de Saber
conlleva no sólo a enrocar las herramientas que como hemos visto nos conducen a
nuestro interior, sino que además nos pide algo todavía más difícil, integrar
en nuestro espíritu el mundo sensible, y algo más complejo todavía, entenderlo
y controlarlo. El punto del Saber es un tránsito por nuestra experiencia vivida
y por la esfera de las opciones, o como mínimo, un viaje por lo vivido y
aprendido. Para poder discernir, atisbar la realidad, valorar y juzgar, es
imprescindible saber que como medida fundamental debemos utilizar el reconocer.
Este último pilar nos proporciona un amplio espectro de oportunidades para
desentrañar en una primera fase los secretos que guarda nuestro subconsciente y
que por naturaleza determina nuestras estructuras morales, para en una segunda
fase, enfrentarnos a las consecuencias del resultado del punto secreto del
Saber.
La interpretación
iniciática del Saber, basándonos en la etimología de las palabras ‘scientia’
y ‘sapere’ otorga el conocimiento y la consciencia (Saber) a nuestro
santuario individual. Si el verdadero Saber nace en el templo interno, el
maestro secreto recrea un ejercicio centrípeto manifestando claramente la
máxima filosófica: ‘el hombre por naturaleza tiende hacia el saber’. El
discernimiento logra mediante la sabiduría separar lo real de lo ilusorio para
obtener aquello que llamamos Verdad. Llegados a este punto, me pregunto ¿Cuál
verdad? ¿Por qué la mía y no la de mis hermanos? ¿o la de otros? Reflexionando
sobre ello es relevante adecuarse a los ingredientes del proceso de discernir a
través de tres substancias que deberían encontrarse en nuestro interior: la
naturaleza espiritual, el progreso que la rodea y la inmanencia que la
envuelve. Por tanto queridos hermanos, sólo puedo terminar estas palabras
aludiendo a que el verdadero Saber del maestro secreto en el campo iniciático,
debe transitar hacia el contenido ético del conocimiento y espiritual de la
propia idea discernida.
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